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No todos los hogares ofrecen un refugio seguro para los niños. Para las víctimas de violencia doméstica y sus hijos, el hogar se convierte en un lugar donde se rompen corazones y se destrozan vidas.
La violencia doméstica no perdona a nadie, particularmente a los niños que la escuchan y la ven o que la sufren ellos mismos. Vivir en un hogar donde uno de los padres usa la violencia contra el otro pone a los niños en peligro de padecer problemas emocionales y conductuales. Los niños que son testigos del abuso de sus madres por parte de sus padres pueden estar en un riesgo mayor de convertirse en adultos golpeadores que los niños que viven en hogares libres de violencia.
El dolor físico y emocional puede ser de larga duración. Los niños quedan privados de inocencia, alegría y confianza. Pueden sentirse confundidos, mojar la cama, ser incapaces de conciliar el sueño, tener problemas en la escuela o culparse a sí mismos por la violencia en su hogar.
Si alguna de estas condiciones le sucede a sus hijos, puede obtener ayuda para ellos y para usted. El reconocimiento del dolor y la vergüenza que origina la violencia doméstica y la búsqueda de ayuda pueden resultar confusos. Usted no tiene porqué manejar la situación sola. Existen muchas cosas positivas que los padres pueden hacer para ayudar a que sus hijos enfrenten los efectos de la violencia familiar.
Puede recibir ayuda llamando a la línea directa nacional para la violencia doméstica (National Domestic Violence Hotline). Los asesores están disponibles para contestar sus preguntas y ayudarle a elaborar un plan para ayudar y apoyar a sus hijos. Pueden ayudarle a entender cómo pueden estar sintiéndose sus hijos. Si usted simplemente necesita hablar, ellos la escucharán. |